Historia

Después del asesinato del Periodista Moisés Sánchez Cerezo, sus familiares, compañeros y amigos continúan su labor informativa…

Moisés Sánchez Cerezo

Por Jorge Sánchez / Medellín de Bravo, Ver.

“A unas horas de recibir el año nuevo 2015” compartía en su Facebook, orgulloso un video de su nieto con un “viejo” que acababa de comprar, esperando el momento para festejar el año nuevo con su familia.

El trabajo no permitió que lo celebrara, ya que el 31 de diciembre y primero de enero son días buenos para un taxista, así que los laboro; doce campanadas resonaron en la congregación de El Tejar, mi madre como buena cristiana recibía el año en el Templo de Dios, los niños dormían y la hora trágica estaba a la puerta…

El 31 de diciembre, al filo de las doce me desperté al escuchar a mi padre llegar a casa, miró a sus nietos que soñaban en el sofá de la sala, intentó despertarlos, pero se habían mantenido jugando hasta casi hasta las 11 de la noche, les dio un beso, los volvió a cubrir con la sabana y se despidió con un “luego quemaremos el viejo”.

Los rayos del nuevo Sol encontraron a Moisés escribiendo en su tablet, -¡abuelo vamos a quemar el viejo!- le recitaban impacientes los niños, tiene que ser de noche- respondió el abuelo – “mañana en la noche lo haremos” – ese viejo aún se conserva en la familia Sánchez… Es curioso, uno nunca sabe cuánto tiempo se tiene de vida, pero posponemos cosas como si fuéramos eternos…

La Cuna de Moisés

Un niño inquieto preguntaba por cada cosa que veía, el mundo lo maravillaba…

José Moisés fueron los nombres escogidos por su madre en memoria del padre biológico de Jesucristo y del liberador del pueblo de Israel. Creció en una familia de 7 hermanos que fueron abandonados por su padre, suceso que marca a cualquier niño, incluido a mi padre quien fue testigo del sacrificio que hace una madre soltera por sus hijos: desvelos, hambre, pero siempre fiel a la palabra de Dios, mismo camino que le inculcó.

Moisés estudió para seminarista, leyó toda la Biblia y se apasionaba cuando hablaban de Dios, así fueran Pentecostés, Católicos, Testigo de Jehová o Mormones, Moisés siempre abría la puerta para conversar durante horas sobre la palabra del Señor, de tal manera que días después regresaban los misioneros con más compañeros a la controvertida y apasionada charla.

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32, citaba frecuentemente.

Apenas alcanzó la pubertad empezó a trabajar de cargador para ayudar a su madre con los gastos, al tiempo que aprendía de los golpes de la vida. Cuando tienes hermanos que mantener y pagas tus estudios, la educación es un lujo que hay que aprovechar y más cuando te quitas el pan del día para comprar un libro. Difícil decisión: hambre o ignorancia. Esto no le impidió pagarse la preparatoria y hacer cursos por correo de Derecho.

Conocimientos que utilizó para ayudar a quienes lo necesitaban, como a la humilde vecina de raíces indígenas y falta de estudios, que pretendían echar a la calle. Mi padre se ofreció defenderla y encaró al licenciado de la otra parte, exponiéndole los derechos que la señora tenía y por los cuales no podían despojarla del austero patrimonio que con tanto esfuerzo había levantado.
“El compadre Moisés nos ayudaba cuando lo necesitábamos” recuerda conmovida Doña Leo, quien hasta hoy conserva su casa.

Nace La Unión…

Los gobiernos Díaz Ordaz y Luis Echeverría despertaron su indignación.
Tocaron a la puerta de su adolescencia los ecos de la Masacre de Tlatelolco, barbarie que lo llevó a cuestionar la crueldad del gobierno hacia crítica del manifestante y la prensa.

¿Qué puede hacer un muchacho contra un monstruo represor?

Tomó papel y lápiz, trazó unos dibujos criticando y satirizando sucesos del puerto de Veracruz y empezó a escribir… Y a sacar copias para repartirlas, sin pesarlo tomaba fotos y escribía de cosas tan cotidianas que escapan a nuestra percepción como es un bache, una lámpara inservible, o incluso de la brutalidad policiaca…

En estos volantes anónimos resaltaba el nombre de lo que siempre busco Moisés en su familia, La Unión…

Podías verlo de repartidor, cartero, voceador, cobrador, cargador, comprador de fierro viejo, carnicero, taquero, albañil, taxista o vendedor de pueblo en pueblo de verdura, abarrotes, pino y cloro, en su triciclo y posteriormente en su camionetita; educado en la cultura mexicana del trabajo y esfuerzo, y al mismo tiempo recogiendo el sentimiento de gente inconforme por la pobreza y represión, cansada de la corrupción y el saqueo a la Nación, que exponía desde “La Unión…”.

En un semanario que exponía las denuncias y exhibía las carencias que se vivían en la zona del puerto de Veracruz donde vivía, y posteriormente de su amado Medellín, donde formaría junto a su esposa María un hogar en los años 90 hasta el momento trágico del 2 de enero 2015…

La devaluación del peso y la crisis de 1994 y 1995 complicó la publicación del semanario que se costeaba del bolsillo del periodista. Aún así continuó publicándolo de manera atemporal cada 15 días o cada mes, hasta su recuperación económica en el 2000, cuando publicó con mayor constancia el periódico.

Posteriormente aprovechó la tecnología para publicar en internet, mudando varias veces de servidores por complicaciones de seguridad, ya que no pasó mucho tiempo para que le hackearan o eliminaran información de la red.
Apasionado por informar, ninguna crisis económica lo desalentaba, y cuando volvía a publicar lo hacía con la misma pasión que en su primera edición, y eso lo vemos en varias de sus ejemplares de diversos años que están marcados como “Año 1”, lo que justificaba diciendo que “a la gente le gusta lo nuevo”.

El que no nació para servir, ¿entonces para que nació?

“Si ves a un anciano que se le descompuso su vieja carreta, ayúdalo, no te burles por su situación y pobreza, todos estamos en el mismo camino y algún día cuando estés cansado y cargado en este trayecto sin fin, seguro él te ayudara”, me decía constantemente.

Moisés Sánchez combinaba su responsabilidad de llevar pan a la mesa de su hogar, a la par que hacía su amado periódico “La Unión…”, pero además luchaba contra las injusticias. Su pasión como periodista lo ponían donde se liberan los contenidos gritos de justicia… Ahí donde los desprotegidos y pobres manifiestan los abusos infligidos por los que juraron “mirar por el bien del pueblo” y faltando a su promesa roban, humillan y hasta extorsionan a la gente, lo que lo alentaba a ayudar y defender al prójimo en contra de los déspotas.

“Tú tienes derecho a estos apoyos, no te lo están regalando, los pagamos con nuestros impuestos” les decía a los ancianos que les arrebataban apoyos por no votar por algún partido, y como si fuera su deber – y lo es de cada ciudadano- defendía los derechos de quienes no se pueden defender, hacía escritos y exigía en Medellín, sino les resolvían se trasladaba hasta Xalapa o a donde tuviera que ir, pero algo era seguro, no permitiría las injusticias.

“¿Porque ayudas a la gente?, las cosas no van a cambiar, ni te pagan por hacerlo y ni te lo va agradecer” le criticaban algunos, pero Moisés lo tenía claro y respondía con firmeza: “Cada uno de nosotros debe hacer su parte, yo estoy haciendo la mía”.

Si puedes mirar las injusticias puedes preguntarte ¿qué estoy haciendo para cambiar las cosas?

¿Cuánto por tu silencio?

¿Cuántos anuncios has visto promocionando a un político? O ¿espectaculares que te dicen que no pasa nada? Publicidad tratando de ocultar la corrupción como quien intenta esconder un elefante debajo de alfombra…

“Si tienen tanto dinero para pagar por el silencio de algunos ¿Por qué no mejor lo inviertes en alumbrado público, y componer las calles?” Respondió Moisés cuando le ofrecieron treinta mil pesos por escribir en favor de un alcalde.
Pudiera ser por su honor, o por su comprensión del camino de Dios, pero el periodista no vendía su alma y como buen cristiano tomó su cruz, pagó por su fe.

Algunos prefirieron ser llamados siervos de la Nación en lugar de Dueños de México, y este espíritu nos hace mirar de forma diferente cuando nos quieren convencer que no hay otro destino que pudrirnos en la corrupción, pero si hay otro y ese camino, al igual que muchos mexicanos, lo recorrió Moisés.

Regresaron la censura, represión.

Censura, represión e incluso la muerte, era el precio por publicar lo que no les gustaba a los gobernantes… Así que nos protegíamos con el anonimato, llegábamos a los mercados repartíamos los periódicos libres y nos íbamos, nos cuidábamos de los policías porque si te detenían, podían desaparecerte…”, relataba Moisés Sánchez refiriéndose a los ochenta, época en la que fundó “La Unión…”.

La última década nos revela los horrores cometidos contra periodistas, estudiantes y activistas, una campaña de exterminio emprendida por tiranos contra la libertad de expresión, en una lucha de la pluma contra bala, las pancartas contra las ametralladoras. Los métodos se repiten, policías mercenarios al servicio del funcionario déspota que manda a desaparecer y asesinar a quien se atreva a exhibirlo.

En este clima de regresión a la dictadura le advertíamos al periodista y activista: te van a matar, asesinaron a Regina y a Goyo, se llevaron a 43, pueden venir por también por ti… Le preguntábamos al utópico y soñador Moisés ¿Por qué te arriesgas? ¿Por qué públicas?…

En su respuesta se encuentra la sencillez, pero es un balde de agua fría para indiferencia albergada en nosotros, y desnuda la esencia de su pasión: “si vivimos con miedo nunca vamos a hacer nada, si vivimos con miedo nunca vamos cambiar las cosas, vivir con miedo no es una opción”.

Cada letra semejante a gotas de agua viva que nos invita a sumergimos en los ríos de la dignidad que desemboque en el mar de justicia.